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Ejercicio durante el tratamiento

Durante los últimos 10 años, hemos asistido a un creciente interés por conocer el efecto beneficioso del ejercicio físico en pacientes con cáncer, observándose que, gracias a esta actividad es posible mejorar efectos secundarios de los tratamientos y mejorar la supervivencia, sobre todo en pacientes con cáncer de mama localizado o avanzado y pacientes de otros tipos de tumores como el de colon. Así, algunos efectos secundarios de los tratamientos con cáncer de mama que en principio no tienen una terapia farmacológica con la que ser tratados,  como pueden ser la fatiga crónica, la reducción de la capacidad física o los cambios en la composición corporal (como ganar grasa o perder músculo y hueso) pueden verse reducidos mediante el ejercicio físico oncológico, mejorando la calidad de vida de las pacientes.

En este sentido, definimos el ejercicio físico oncológico como aquella actividad pautada y controlada por un profesional, que se realiza para reducir o prevenir los efectos secundarios de los tratamientos de forma individualizada y que, por sus efectos globales en el organismo, mejora la salud, la calidad de vida y la supervivencia de las pacientes. Las características básicas de este tipo de ejercicio incluyen que éste esté siempre:

  • Desarrollado y supervisado por un profesional
  • Individualizado para cada paciente según sus propias características y las de su enfermedad
  • Adaptado a cada nivel
  • Basado en la evidencia científica

La investigación científica en relación al ejercicio físico y el cáncer comienza a tomar mayor protagonismo a partir de las décadas de los 80 y los 90, momento en el que estos estudios se centran en el análisis de su efecto en la reducción de enfermedades asociadas al cáncer (comorbilidades) en relación a los tratamientos y la inactividad; mientras que a principios del 2000 surgen las primeras investigaciones dedicadas de forma más específica al efecto del ejercicio en el aumento de la supervivencia en pacientes con cáncer de mama. Durante los años siguientes, varios estudios se interesan por conocer los efectos sobre los biomarcadores que afectan a la evolución del cáncer, en la calidad de vida o el microambiente tumoral en pacientes oncológicos. GEICAM inicia sus primeras investigaciones sobre el ejercicio físico en mujeres con cáncer de mama en el año 2016: por ejemplo, el estudio EFiK investiga el efecto beneficioso del ejercicio como modificador del pronóstico en pacientes con tumor de mama operable.

Debido a sus beneficios a corto, medio y largo plazo, las sociedades médicas también se han interesado y han comenzado a promocionar el ejercicio físico entre las pacientes con cáncer de mama. Si eres paciente y buscas empezar a hacer ejercicio, en esta Guía de ejercicio físico para pacientes con cáncer de mama localizado y avanzado encontrarás información sobre algunas nociones básicas, como el tipo de ejercicios que existen, posturas adecuadas para evitar lesiones o el control de la intensidad de cada actividad. La guía muestra asimismo algunas tablas sobre los efectos secundarios más estudiados y qué tipo de ejercicio se ha visto que es más eficaz para cada uno de ellos, el efecto beneficioso del ejercicio físico en diferentes tipos de hormonas, la inflamación, el sistema inmune o la interacción que pueden tener algunos efectos secundarios con el ejercicio. Por último, detalla qué tipo de ejercicios pueden realizarse y cómo ejecutarlos de forma correcta, junto con unos puntos a tener en cuenta en algunos casos especiales (como la presencia de linfedema o metástasis), seguidos por planes recomendados para comenzar a realizar ejercicio en condiciones generales y para pacientes que presentan metástasis o efectos secundarios agudos.

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