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Dieta durante el tratamiento

La dieta, por sí misma, no es una herramienta capaz de curar el cáncer de mama. El tratamiento adecuado para la enfermedad es siempre el que indica el equipo de oncología encargado del paciente, generalmente siguiendo los protocolos bien establecidos de cada centro. Éstos tienen en cuenta tanto las características de cada tumor como del paciente. Normalmente, este abordaje comprende cirugía y/o radioterapia y/o quimioterapia. Algunos tipos de tumores incluyen también tratamientos de larga duración como la hormonoterapia.

Durante la fase en la que tienen lugar estos tratamientos, la nutrición debe ser un complemento para mejorar la situación del paciente, pero en ningún caso supone una sustitución del tratamiento estándar. En general, las recomendaciones dietéticas para los pacientes oncológicos deberían ser establecidas por un/a profesional basándose en el estado nutricional de la persona. La función del abordaje nutricional en estos casos es mejorar las secuelas de la enfermedad, como ocurre tras la operación de un cáncer de esófago, aunque en muchos casos se pretende asimismo compensar posibles efectos adversos de los tratamientos.

Dieta mediterránea y cáncer de mama

Existe una cierta variabilidad en la definición de dieta mediterránea, y por otro lado no existen demasiados estudios que hayan abordado directamente la relación entre la adherencia a este tipo de patrón de este tipo de dieta y el cáncer de mama. Sin embargo, los pocos que lo han hecho tienden a mostrar efectos positivos. De hecho, la mayor parte las características de la dieta mediterránea son perfectamente asimilables a una dieta orientada a la mejora del bienestar del paciente durante el tratamiento del cáncer de mama: consumo diario, abundante y variado de fruta y verdura; consumo diario de variedad de cereales, preferiblemente integrales; uso del aceite de oliva como principal fuente de grasa; consumo diario de algún producto lácteo; pescado y priorizando carne blanca como principal fuente de proteínas y grasa animales a la carne roja y carne procesada; consumo poco frecuente de alimentos ultraprocesados y con alto contenido de azúcares refinados.

No obstante, es necesario señalar un elemento diferencial entre la dieta mediterránea tradicional y la dieta frente al cáncer: la primera admite el consumo de alcohol,específicamente de vino, con moderación. Además de la costumbre y los hábitos locales se ha postulado también un posible efecto beneficioso de ciertos componentes del vino en la salud cardiovascular. Pero respecto al cáncer en general el consumo regular de alcohol es uno de los factores de riesgo más importantes, sobre todo en personas que ya han mostrado una susceptibilidad aumentada, como son las supervivientes de cáncer de mama: en ellas el consumo de alcohol debe evitarse totalmente.

Finalmente, en tanto como sea posible la obtención de niveles de consumo de nutrientes y compuestos bioactivos debe obtenerse de la dieta, sin necesidad de incluir suplementos dietéticos, de minerales o multivitamínicos. La utilización de estos suplementos debe reservarse para la corrección de deficiencias específicas de algún micronutiente, y siempre por indicación de un/a profesional.

Si eres paciente de cáncer de mama y estás en tratamiento, en esta “Guía de ejercicio físico y nutrición para pacientes con cáncer de mama localizado y avanzado” encontrarás recomendaciones sobre hábitos alimenticios saludables y recetas variadas adaptados a diferentes situaciones que pueden presentarse en el trascurso de los tratamientos y de la enfermedad.

 

Conclusiones y recomendaciones para la prevención del cáncer de mama mediante la nutrición

En conclusión, con la evidencia con la que contamos en la actualidad en relación al efecto que la alimentación puede tener en la mejora de la calidad de vida de las pacientes cáncer de mama podemos establecer las siguientes recomendaciones generales:

  • Durante el tratamiento, seguir las las pautas indicadas por los profesionales de la oncología y de la nutrición clínica.
  • Tras la menopausia, mujeres con obesidad o sobrepeso: seguir una dieta de control de peso, preferentemente dirigida por un/a profesional.
  • Mantenerse activa físicamente con un mínimo de 150 minutos semanales de actividad moderada, aumentando tiempo e intensidad siempre que sea posible.
  • Evitar totalmente el consumo de cualquier tipo de bebidas alcohólicas.
  • Seguir las pautas generales de la dieta mediterránea, con excepción del consumo de alcohol, sin necesidad de incluir suplementos dietéticos.