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Dieta tras el cáncer de mama

Los avances en el campo de la oncología de los últimos años, la mejora de las técnicas para la detección temprana del cáncer de mama y su extensión a una gran parte de la población han llevado a una mejora sustancial del pronóstico de esta patología. Así, cada vez son más las mujeres que se diagnostican en estadios iniciales de la enfermedad y que tienen, en general, una buena respuesta al tratamiento. Además, se han incrementado el número de alternativas terapéuticas (fármacos) que permiten individualizar el tratamiento según las características de cada tumor.

La consecuencia de todo ello es que cada vez hay más mujeres que tras el tratamiento de su cáncer de mama pueden considerarse curadas, aunque es cierto que la mayoría seguirán un control periódico y un tratamiento prolongado durante años. Así pues, cada vez hay más mujeres (y profesionales) que se preguntan si hay otras medidas o actuaciones que les puedan ayudar a mejorar su pronóstico tras haber sufrido la enfermedad, es decir, si existen estrategias que ayuden a reducir su riesgo de recidivas, ayudar a tener una expectativa de supervivencia similar a la de la población sana de su misma edad y mantener la mejor calidad de vida posible.

Desde hace tiempo, esas esperanzas se han dirigido hacia la nutrición. Sin embargo, la excesiva atención hacia un campo hace que en ocasiones se difundan opciones y propuestas que no siempre cuentan con suficiente base científica. Además, el exceso de información, no siempre fundamentada, hace que no solamente las pacientes, sino también los profesionales, puedan dar una respuesta rápida a una multitud de cuestiones y dudas que se plantean.

Alimentación tras el cáncer de mama

Los resultados de los estudios relacionados con el efecto de la dieta en mujeres que ya han padecido un cáncer de mama y han obtenido una buena respuesta al tratamiento en relación a la mejora de su pronóstico y disminución del riesgo de recaída son actualmente menos concluyentes que aquellos manejados en la prevención y durante el tratamiento. Sin embargo, el patrón de las recomendaciones para este momento es muy semejante al que se sigue en estos casos, es decir, los estudios apuntan a que la obesidad, así como el como el consumo de alcohol, tendrían un efecto negativo, mientras que la práctica de actividad física tendría un efecto positivo.

Como en el caso de la prevención, merece la pena mencionar algunos alimentos o nutrientes para los que se ha sugerido que pueden tener algún efecto sobre el pronóstico del cáncer de mama, aunque la consistencia de sus resultados no es suficiente para incluirlos en las recomendaciones. En primer lugar, es posible que un elevado consumo de grasas saturadas (que tienen sobre todo origen animal) tenga un efecto negativo. Por el contrario, se ha sugerido un posible efecto beneficioso de una dieta rica en fibra.  Son alimentos ricos en fibra los cereales integrales y productos elaborados a base de cereales integrales así como la verdura y la fruta en general.  Finalmente, se ha atribuido un efecto beneficioso a la soja y, en general, a los alimentos ricos en fitoestrógenos. Como su nombre indica, se trata de compuestos con una actividad similar a  los estrógenos que pueden interferir en su actividad.  La mayoría de estudios sobre esta cuestión han sido llevados a cabo en  poblaciones asiáticas, y aunque no se han observado efectos adversos, existen dudas sobre su uso.  Como principio de precaución no están recomendados en supervivientes de cáncer de mama que sigan un tratamiento hormonal.

Dieta mediterránea y cáncer de mama

Existe una cierta variabilidad en la definición de dieta mediterránea, y por otro lado no existen demasiados estudios que hayan abordado directamente la relación entre la adherencia a este tipo de patrón de este tipo de dieta y el cáncer de mama. Sin embargo, los pocos que lo han hecho tienden a mostrar efectos positivos. De hecho, la mayor parte las características de la dieta mediterránea son perfectamente asimilables a una dieta orientada a la prevención del cáncer: consumo diario, abundante y variado de fruta y verdura; consumo diario de variedad de cereales, preferiblemente integrales; uso del aceite de oliva como principal fuente de grasa; consumo diario de algún producto lácteo; pescado y priorizando carne blanca como principal fuente de proteínas y grasa animales a la carne roja y carne procesada; consumo poco frecuente de alimentos ultraprocesados y con alto contenido de azúcares refinados.

No obstante, es necesario señalar un elemento diferencial entre la dieta mediterránea tradicional y la dieta frente al cáncer: la primera admite el consumo de alcohol, específicamente de vino, con moderación. Además de la costumbre y los hábitos locales se ha postulado también un posible efecto beneficioso de ciertos componentes del vino en la salud cardiovascular. Pero respecto al cáncer en general el consumo regular de alcohol es uno de los factores de riesgo más importantes, sobre todo en personas que ya han mostrado una susceptibilidad aumentada, como son las supervivientes de cáncer de mama: en ellas el consumo de alcohol debe evitarse totalmente.

Finalmente, en tanto como sea posible la obtención de niveles de consumo de nutrientes y compuestos bioactivos en la protección del cáncer debe obtenerse de la dieta, sin necesidad de incluir suplementos dietéticos, de minerales o multivitamínicos. La utilización de estos suplementos debe reservarse para la corrección de deficiencias específicas de algún micronutiente, y siempre por indicación de un/a profesional.

Conclusiones y recomendaciones para la mejora del pronóstico del cáncer de mama mediante la nutrición

En conclusión, con la evidencia con la que contamos en la actualidad en relación al efecto que la alimentación puede tener en el pronóstico del cáncer de mama podemos establecer las siguientes recomendaciones generales:

  • Seguir las recomendaciones dietéticas específicas de un profesional si la persona tiene una patología o condición de salud- además del cáncer de mama- que así lo requiera
  • Tras la menopausia, mujeres con obesidad o sobrepeso: seguir una dieta de control de peso, preferentemente dirigida por un/a profesional
  • Mantenerse activa físicamente con un mínimo de 150 minutos semanales de actividad moderada, aumentando tiempo e intensidad siempre que sea posible.
  • Evitar totalmente el consumo de cualquier tipo de bebidas alcohólicas.
  • Seguir las pautas generales de la dieta mediterránea, con excepción del consumo de alcohol, sin necesidad de incluir suplementos dietéticos.
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