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Revisiones

Tan imprescindibles como temidas, las revisiones periódicas forman parte de una serie de hábitos que hay que integrar en la nueva vida, en el presente y en el futuro de una persona afectada por cáncer de mama.

El cáncer de mama que se diagnostica en las fases iniciales de la enfermedad se considera una enfermedad curable en la mayoría de las pacientes. La supervivencia a los 10 años después del diagnóstico es mayor del 70%. Sin embargo, hay un riesgo de recaída que obliga a que se realicen seguimientos a largo plazo. Se ha observado que el mayor riesgo de recaída se produce en el segundo año después del diagnóstico, aunque eso depende del tipo de tumor de la paciente.

Los objetivos del seguimiento a largo plazo mediante las revisiones incluyen:

  • Detectar precozmente recaídas locales (aparición de un nódulo en la mama o alrededor de la cicatriz) o a distancia (en otros órganos) del cáncer de mama tratado, o la aparición de un cáncer de mama contralateral (en la otra mama).
  • Evaluar y tratar posibles complicaciones tardías relacionadas con el tratamiento (como los síntomas derivados de la menopausia precoz inducida por el propio tratamiento, la osteoporosis y otros).
  • Hacer seguimiento sobre el cumplimiento del tratamiento hormonal.
  • Proporcionar apoyo psicológico e información para facilitar la vuelta a la vida anterior al diagnóstico de cáncer de mama.

Es normal que las pacientes sientan miedo y preocupación cuando el momento de la revisión se acerca, pero el hecho de sentir ese miedo no debe impedir que hagan lo que tienen que hacer: ir periódicamente a hacerse las revisiones. Durante los dos o tres primeros años después de la cirugía es probable que el oncólogo quiera ver a las pacientes cada tres meses; al cuarto año las revisiones se espacian para hacerse cada seis meses y a partir del quinto año, se suelen hacer anualmente.

Como parte de las visitas de seguimiento, se recomienda que el médico obtenga información detallada sobre los síntomas que pueda presentar la paciente en ese momento y realice una exploración física. Asimismo, se recomienda la realización de una mamografía anualmente. En las pacientes jóvenes, especialmente en aquellos casos en los que el tejido de la mama es muy denso o hay predisposición genética o familiar, se puede valorar la realización de otras pruebas de imagen de la mama, como una resonancia magnética.

En las pacientes que no tengan ningún síntoma específico que haga pensar en una recaída de la enfermedad, de forma rutinaria no se recomienda hacer analíticas de sangre u otras pruebas de imagen como radiografías, escáneres, gammagrafías óseas o PET (tomografía por emisión de positrones).

Por otra parte, en las pacientes que estén recibiendo tratamiento hormonal, los análisis de sangre rutinarios pueden estar indicados debido a los posibles efectos secundarios de este tipo de tratamiento, principalmente relacionados con los niveles de colesterol y/o triglicéridos.

Además, los datos epidemiológicos indican que el estilo de vida tiene un efecto en el pronóstico de las pacientes con cáncer de mama. Por este motivo, se recomienda llevar a cabo alguna actividad física de forma regular y evitar el sobrepeso o la obesidad.

También debemos tener en cuenta que el seguimiento no se debe centrar única y exclusivamente en los aspectos físicos. Con frecuencia, las mujeres tienen altos niveles de ansiedad una vez se ha completado el tratamiento y las visitas al hospital son menos frecuentes.

En el caso de que los temores se pongan pesados e imposibiliten a las pacientes para cumplir con cierta serenidad con sus visitas al oncólogo, no deben dudar, acudir a un psicólogo especialista en cáncer, que puede ayudar a canalizar los miedos y combatirlos con eficacia.

Hay que tratar de pensar que tanto mujeres como hombres estamos amenazados por esa pandemia contemporánea que es el cáncer y no por ello vamos a vivir agarrotados por el temor a que nos pille o a que recaiga. Mientras no se tengan síntomas que hagan pensar que algo empieza a fallar, se debe disfrutar de cada momento con la misma intensidad antes de que el cáncer se inmiscuyera en nuestras vidas.

Fuentes: