Por Carmen García Rigau.
El yoga es cada vez más conocido en nuestra sociedad y cada día son más los gimnasios que lo ofrecen como actividad para mantenernos en forma y relajar nuestra mente. Esta antigua disciplina oriental es excelente para regular el estrés, aliviar dolores y reequilibrar nuestro ser, tanto física como psicológicamente. Pero, más allá de estas importantes virtudes, practicar el yoga nos ayuda a tomar consciencia de nuestra existencia y de lo maravilloso que es nuestro ser.
El yoga mejora la calidad de vida en todo tipo de personas ya que sus ejercicios posturales y de respiración se adaptan a todos los públicos. En el caso concreto de las mujeres con cáncer de mama, el yoga ayuda especialmente a las que se encuentran en las primeras etapas de la enfermedad y a las que no reciben quimioterapia, tal como concluye un estudio realizado por el Colegio Albert Einstein de Nueva York.
El estudio sugiere que el yoga debería formar parte del esquema terapéutico de las mujeres con cáncer de mama, pues tiene efectos beneficiosos tanto a nivel físico como psíquico. Practicar yoga eleva el ánimo y reduce el estrés asociado al tratamiento del cáncer. Así pues, no es de extrañar que cada vez más hospitales y centros oncológicos ofrezcan clases de yoga a los pacientes de cáncer.
Aún así, antes de iniciar cualquier programa físico debes consultarlo con tu médico. También debes procurar tomar clases pensadas para mujeres con cáncer de mama, ya que las pacientes que han sido tratadas con cirugía suelen tener problemas en el brazo o el hombro, y algunos ejercicios de una clase convencional de yoga podrían ser contraproducentes.
Si aprendes qué es el yoga ya lo estás practicando
Más allá de los ejercicios que más o menos conocemos, el yoga es una forma de entender el mundo, una manera de vivir. El yoga se originó en la India hace unos cinco milenios, y no sólo sigue siendo vigente, sino que se está popularizando en la cultura occidental, algo que parece indicar que funciona. No es una religión, no es necesario creer en Dios para practicarlo. Es una disciplina, una ciencia, una filosofía que busca la unión del cuerpo, la mente, y el espíritu para disfrutar de una existencia plena y para sentirnos en armonía con la naturaleza.
Del yoga podemos tomarlo todo o solo una parte, podemos buscar simplemente sentirnos mejor o aspirar a tomar consciencia de nuestro ser y del universo. Podemos dedicarle cinco minutos por la mañana o varias horas al día. No importa, depende de nosotras, el yoga estará allí cuando decidamos dedicar un tiempo a cuidarnos y a sentirnos mejor.
Yoga viene de la palabra sánscrita "Yug" que significa unión. Es la unión de uno mismo, y también la unión con el cosmos, con la energía universal. Con el yoga tomamos consciencia de los tres niveles del individuo: físico, mental y espiritual. En el libro Bringing Yoga To Life, de Donna Farhi, aparecen algunas frases que logran transmitir la profundidad del yoga:
"Yoga es una tecnología para quitar el velo ilusorio que hay entre nosotros y la fuerza vital que nos anima”.
"La trascendencia, la ligereza de ser, la libertad y la felicidad no son cosas que podamos alcanzar; son lo que somos. Es lo que siempre hemos sido y lo que siempre seremos”.
"A través de la práctica de Yoga, gradualmente cambiamos nuestra perspectiva hasta que podamos percibir la vasta y vibrante viveza de esta matriz que sostiene y compenetra nuestro ser verdadero".
Existen distintos tipos de Yoga, y el que más se conoce y se practica en occidente es el Hatha Yoga, el Yoga físico. El Hatha Yoga consiste sobre todo en la práctica de posturas mantenidas (asanas) y ejercicios de respiración (pranayama). Los movimientos para lograr las asanas son lentos y suaves. Al final de la sesión suele practicarse un ejercicio de relajación y visualización.
Con la práctica de Hatha Yoga, el cuerpo se vuelve más fuerte y sensible, se reduce la tensión muscular y mejora la flexibilidad. Cuando realizamos asanas (las posturas y ejercicios), llevamos toda nuestra atención a la respiración y al cuerpo. Con esto, conseguimos enfocar la mente, la cual se relaja.
El yoga actúa en todos los niveles de nuestro ser:
Nivel físco: con la práctica regular de las asanas vamos tomando conciencia de cada parte de nuestro cuerpo (músculos, articulaciones, tendones, órganos etc.). Mejora la propicepción, la flexibilidad, la circulación, y se fortalecen los músculos y las articulaciones.
Nivel mental: el yoga tiene técnicas de introspección que nos hacen tomar consciencia del complicado y enrevesado funcionamiento de nuestra mente: deseos, aversiones, inhibiciones, miedos, afinidades, afectos, complejos... Observamos como la mente está en plena ebullición, sometida a una agitación constante. Entonces, con otras técnicas (pranayamas) podemos empezar a calmarla poco a poco, incluso podemos llegar a dominarla totalmente.
Nivel espiritual: por medio de la meditación va despertando en nosotros la conciencia de una realidad más allá de nuestra existencia.
Despertar cada mañana puede ser gratificante
Aunque como ya se ha dicho, antes de empezar la práctica de los ejercicios de yoga es conveniente consultar al doctor, hay algo que podemos empezar a poner en práctica cada mañana al despertar, que no tiene contraindicaciones y que nos hará sentir bien.
Cuando te despiertes haz tres respiraciones profundas por la nariz. Luego empieza a mover lentamente y con suavidad tus articulaciones. Estira tus músculos con suavidad y bosteza. Gírate de lado e incorpórate despacio. Ponte de pie y nota que tu peso está en los talones y en la parte exterior del pie. Inspira profundamente mientras estiras lentamente los brazos hacia arriba. Baja los brazos mientras sueltas el aire por la nariz.
Siéntate en el suelo, o sobre una alfombra, con las piernas estiradas, y mantén la espalda recta. Tus brazos cuelgan relajados a cada lado de tu tronco. Inspira lenta y profundamente por la nariz. Sin soltar el aire, gira despacio tu cabeza a un lado, mirando por encima del hombro. Aguanta unos segundos, vuelve a la posición original y suelta el aire por la nariz. Repite el ejercicio girando la cabeza hacia el otro lado. Puedes hacerlo dos o tres veces. Es importante que mientras lo hagas procures poner atención a lo que estás haciendo y no estar pendiente de nada más.


