gei_sub_cancer_mama

¿Cómo se puede prevenir el cáncer de mama?

Se ha demostrado que una vida físicamente activa puede proteger frente a diferentes tipos de cáncer, independientemente de la edad a la que se inicie el ejercicio físico.

Diversos estudios han demostrado una reducción de la incidencia del cáncer de mama de entre el 20 y el 40% en mujeres que hacían ejercicio de forma regular. Además, la actividad física realizada regularmente contribuye a mantener un peso adecuado y aporta múltiples efectos positivos.

La Organización Mundial de la Salud publicó en 2010 sus guías de vida activa, en las que señaló que, estos beneficios se conseguían con un mínimo de 30 minutos al día de actividad moderada, 5 días a la semana. Por encima de este tiempo, los beneficios son mayores. Es importante señalar que los beneficios de ejercicio físico se hacen más patentes cuando se realiza de forma habitual y a medio-largo plazo.

Referencias:

La dieta influye de manera notable en nuestra salud y bienestar y actúa como un método preventivo eficaz en la lucha contra el cáncer. Diversas investigaciones médicas han demostrado que una dieta rica en frutas y verduras, con pocas grasas, nos ayuda a combatir la aparición de enfermedades.

Recientemente GEICAM ha publicado los resultados del estudio EpiGEICAM cuyo objetivo fue identificar los patrones alimenticios que caracterizaban la dieta  de las mujeres españolas y explorar su efecto en el riesgo de cáncer de mama. Este proyecto de investigación colaborativo a nivel nacional analizó la relación entre la dieta y el desarrollo de cáncer de mama Los investigadores identificaron 3 tipos de dieta:

  • Dieta occidental: Alto consumo de productos grasos, carne procesada, dulces, bebidas calóricas y bajo consumo de cereales.
  • Dieta prudente: Productos bajos en grasa, frutas, vegetales y zumos.
  • Dieta mediterránea: Pescado, vegetales, legumbres, patatas, frutas, aceite y bajo consumo de zumos y bebidas calóricas.

De las conclusiones del estudio de investigación publicado en el British Journal of Cancer (BJC), se extrae que el consumo de alimentos de la “dieta mediterránea” puede reducir el riesgo de desarrollar cáncer de mama hasta en un 30%. Por el contrario, la dieta occidental es la más perjudicial para desarrollar cáncer de mama y, lo que es más preocupante, es la dieta más frecuente en las mujeres jóvenes. Por su parte, no se ha podido constatar que la “dieta prudente” esté relacionada ni con una mayor ni con una menor probabilidad de desarrollar cáncer de mama, a pesar de lo que podía pensarse en un principio, por ser la que menos grasa tiene.

Estos resultados añaden más evidencia a favor de fomentar una dieta rica en verduras, fruta, aceite de oliva, pescado y legumbres, y limitar el consumo de alcohol, productos grasos, carne, embutidos, dulces y bebidas azucaradas. Esta forma de comer que llamamos dieta mediterránea puede ayudarnos a disminuir la frecuencia de cáncer de mama y también de otras enfermedades crónicas, como los problemas cardiovasculares o la diabetes.

Por otro lado es muy importante recordar que nuestra dieta debe ser  variada, consumiendo los alimentos recomendados y las proporciones adecuadas. Los hidratos de carbono son la base de la alimentación, aportando aproximadamente el 60% de nuestras calorías diarias, las grasas, en cambio, no deben suponer más del 30% del aporte calórico diario.

Las frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales nos aportan vitaminas, minerales, fibra y otras sustancias beneficiosas para la salud, que además, debido a su bajo contenido en grasa, hace que sean ideales como base de la alimentación. Se recomienda un consumo diario de 5 piezas de fruta y hortalizas.

No debemos olvidarnos de limitar el consumo de azúcares libres a un máximo del 5% de nuestra ingesta calórica diaria. La sal también debe estar controlada, consumiendo siempre que se pueda sal yodada y no sobrepasando 5 gramos al día.

Por último, recordar que las grasas no saturadas (presentes por ejemplo, en el aceite de oliva, de girasol, los frutos secos o el aceite de pescado) son preferibles a las grasas saturadas (presentes en la carne grasa, la mantequilla o los lácteos). Las grasas industriales, tipo trans (las encontramos en la comida rápida, alimentos fritos, pizzas congeladas, galletas, etc.) no deben estar presentes en nuestra dieta si queremos que sea sana.

Referencias: